La dirigencia, adhesión y trabajo.
La buena marcha de una institución, cualquiera fuesen sus intereses y motivaciones, dependen la mayoría de las veces del quehacer de sus integrantes, es decir de quienes forman una Comisión Directiva o Consejo de Administración.
Nuestra Bolsa de Cereales de Entre Ríos quiere en esta oportunidad resaltar la labor, permanente e incansable, de todos los miembros directivos que ocuparon distintos cargos desde 1979 a la fecha.
Y muy especialmente la de dos de nuestros asociados: Abel L. Sabotigh -que ha ocupado la presidencia- y Eduardo Gherardi. Ambos han desempañado honestidad y honradez, fundados en la premisa que sostiene que “las instituciones las hacen los hombres para alcanzar objetivos comunes de bienestar y justicia”. Treinta años, toda una historia.
Una idea destinada a madurar
Entre Ríos, convocada por el Creador para el laboreo de la madre tierra, recorrió todas las virtudes del arte de sembrar y cosechar teniendo como bandera una frase popular de Don Atahualpa Yupanqui que venía acompañando a la siembra y la cosecha “una hermosa muchacha llamada libertad”.
La potencia vegetal renueva cada año la esperanza de cultivos rendidores. Haciendo historia, como no reconocer la sangre gringa derramada en el surco por vía de inmigrantes italianos, friulanos, judíos y alemanes del volga entre otros, que llegaron al país para poblar el campo con las tareas propias del campesinado.
La historia granaría de nuestra provincia comienza con el plan colonizador del general Urquiza. Prosigue sin prisa pero sin pausa con la fundación de cooperativas, empresas de acopiadores, de la Federación de Cooperativas Entrerrianas, de la Cámara Arbitral de Cereales de Entre Ríos y muchas instituciones más sumando esfuerzos del trabajador rural.
El plan agrícola aseguró la presencia del hombre en el suelo rico en posibilidades bregando siempre por una democracia auténtica. Como hemos visto, fueron miles y miles de inmigrantes que se incorporaron a las actividades campesinas.
Las leyes que se sucedieron a lo largo del tiempo estuvieron destinadas para incorporar seguridad y libertad.
La capacidad creativa de los nuevos habitantes rurales se manifiesta a través de las diferentes capacidades culturales, artísticas y científicas. La educación escolar llegó a ser la más avanzada de Latinoamérica. El periodismo ocupó un lugar destacado en el concierto de diarios, periódicos y revistas que se editan en nuestro territorio provincial.
De la riqueza que llegaría con cada cosecha surgieron los fabricantes de maquinaria agrícola, los semilleros, las cooperativas, las sociedades rurales, los exportadores de granos, los acopiadores y las entidades gremiales.
Con cada característica técnica surgieron dos actividades de servicios: la Cámara Arbitral de Cereales y la Bolsa de Cereales de Entre Ríos.
Queremos recalar en esta ocasión en nuestra Bolsa de Cereales, nacida el 16 de noviembre de 1979. Ocupó entonces la presidencia de la entidad el Doctor Horacio Gaviola a quien sucede el Sr. Abel Sabotigh y luego Oscar Montero.
Nuestra bolsa impuso desde sus comienzos la idea de sumar voluntades, concertando convenios con instituciones de origen nacional y provincial como el INTA, la Secretaría de la Producción de la provincia, la Universidad de Entre Ríos y de La Plata, entre otros. Por ello podemos decir que la Bolsa de Cereales sirve al campo desde la educación primaria, secundaria y universitaria.
En este marco “casi de tierra prometida” que hemos expuesto hay una nota curiosa. No lo es tanto si medimos la hechura de quienes hicieron la propuesta: al
fundarse en 1937 la Cámara Arbitral de Cereales de Entre Ríos, un grupo de sus fundadores lanzó la idea de crear una Bolsa de Cereales para completar de esta manera el circuito comercial del campo entrerriano.
Treinta años son más que suficientes para diseñar y hacer conocer una historia tan viva en hechos y acontecimientos como lo es esta institución.
Durante la gestión del Ing. Oscar Montero como presidente se expresó cuáles serían los objetivos inmediatos para proseguir el trabajo honesto y realizador de la institución. Oscar Montero dijo que “la única forma de llegar a las 10 millones de toneladas de producción es con rentabilidad, y ésta debe ser tratada a fondo antes que tengamos productores con un alto nivel de endeudamiento”, y advierte” que “debemos corregir todo aquello que afecte a la rentabilidad de nuestros productores”.
En este mensaje de los treinta años, está demás decir que los esfuerzos de nuestra institución estuvieron dirigidos hacia uno de los pocos sectores en el país que producen riquezas legítimas: la agricultura.
Por esa misma actividad seguiremos luchando día a día con la esperanza de alcanzar legítimamente los objetivos propuestos.
Aprovechamos esta oportunidad para enviar un cordial saludo a todos los agricultores entrerrianos que con su tarea hacen posible una provincia rica en matices económicos, sociales y de producción general.
Felicidad para todos.
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